Fiestas de corralejas en El Difícil 
celebran sus primeros 100 años

PRIMERA CORRALEJA en la plaza La Florida. Cortesía Pioneros

Por: JOSÉ MANUEL DÍAZ

Con inusitado entusiasmo y bajo la bendición del Santo Cristo, icono religioso de mayor relevancia en Ariguaní, avanza la organización de las fiestas de corralejas de El Difícil, que este año cumplirán su primer centenario de la mano de ese apego por las procesiones, misas y bautizos que enmarca la devoción por el venerado patrono. 

Tomando como referencia al libro ‘Pioneros, compendio histórico de la Gran Nación Chimila y el municipio de Ariguaní’, a la llegada de los primeros sabaneros y ribereños a la hoy cabecera municipal, se intentó instalar las corralejas a la usanza de aquellas tierras año tras año, pero a la postre sin ningún tipo de concreción porque los pudientes de entonces preferían “correr” los toros cimarrones en sus propias haciendas para no asumir riesgos por el viaje y el maltrato.

Cuenta la obra de imprescindible lectura, que solo hasta el año de 1914 se pudo efectuar la primera corraleja con no más de cuatro ejemplares.

En la década entre 1920 y 1930, cuando la población ya había recibido un flujo migratorio significativo y era palpable la presencia de personas con apropiado conocimiento y propósito para organizarlas, se empezaron a montar corralejas con carácter formal. Fue así como ganaderos de la talla de Próspero Castillo y Eliécer Bustamante Herrera facilitaron los toros “criollos” y las fiestas patronales ya tenían sabor sabanero.

En principio la amenización de las fiestas le correspondió a la banda de “Manuelito” Mejía, quien venía con sus músicos desde Plato en lomo de burro; más tarde, las agrupaciones de Manuel Saumeth, del maestro Roque Saballeth y la procedente de la población de Malabrigo (Córdoba). Pero en algunas ocasiones providenciales se vinculaba con su acordeón el desaparecido Francisco Rada Batista, sobre todo cuando faltaba un “trompeta” o alguien diestro en los otros “pitos” en las bandas contratadas por la junta organizadora. Inclusive, cuando no se contrataban músicos por la escasez de recursos, “Pacho” Rada se brindaba para tocar el vals en las procesiones. 

Cuenta el tradicionalista Juan Hernández Sánchez, que cuando sucedía cualquiera de los casos mencionados, “Pacho” Rada se desbordaba en entusiasmo y le daba a conocer a El Difícil un sinnúmero de porros propios y tradicionales, tanto como aquellas gloriosas páginas musicales como ‘El botón de Oro’, ‘Riqueza no es la Plata’, ‘La muerte de Olaya Herrera’ y ‘La Democracia’.

Las tarimas no eran usuales en esas épocas, lo acostumbrado era una inmensa troja al estilo de un gallinero que el viejo “Pacho” utilizaba acompañado por la banda, tanto para las corridas como para los fandangos.

EL FERVOR RELIGIOSO

PRIMERA IGLESIA DE EL DIFÍCIL, ubicada en la actual 
plaza principal de la población. Cortesía: Pioneros

A principios de 1936 y bajo el carácter de párroco oficial, es enviado desde Plato el padre Narciso Chiquillo, con lo cual se puso fin a las constantes idas y venidas en lomo de mula del sexagenario Padre Ariza en su estimable propósito de cumplir fielmente con sus obligaciones sacerdotales. Con la presencia de Chiquillo se determina finalmente y de manera pertinente la festividad que vendría a adoptar la feligresía católica, ya que hasta ese año, los dificileros organizaban festividades muy concurridas que se enfrentaban, como la del ‘Santo Cristo’ o ‘Santa Cruz de Cristo’ en septiembre y la que se hacía en honor de ‘Santa Teresita’ en el mes de octubre. Además que algunos habitantes venían conmemorando casi con igual apego, las fechas dedicadas a la ‘Virgen del Carmen’, ‘Día de Reyes’ o ‘Epifanía’, ‘San Judas Tadeo’, ‘San Martín de Loba’ y ‘San Isidro Labrador’. Todo ello era a simple vista una colección de preferencias muy compleja, que no fue de fácil resolución para el nuevo Cura.

De acuerdo con un trazado histórico de feligresía católica de El Difícil, elaborado por estudiantes de la Institución Educativa Departamental Simón Bolívar – Sede No 2 Jorge Eliécer Gaitán, se desprenden algunos aspectos que vale la pena colocar aquí, porque además de refrendar lo dicho anteriormente, arrojan luces para una mayor comprensión de los hechos que forjaron la tradición.

Se dice que “en 1920 se comenzó a celebrar fiestas patronales en El Difícil, las cuales inicialmente fueron en honor a Santa Teresita de Jesús. En esta se utilizaban en ese entonces las velaciones que consistían en adornar la imagen con flores y muchas velas. Todos los creyentes podían colocar sus veladoras y entre más tuvieran, era mejor. Alrededor de estas luces giraban las personas y danzaba la gente al ritmo de la música; también se entonaban coplas, versos y canciones propias de la santidad que se celebraba; se hacía oración y se pedían muchas bendiciones”.

La velación más famosa de ese entonces era la de los esposos Benjamín y Vicenta Montero, cuya residencia estaba ubicada en lo que hoy se conoce como el barrio ‘Los Gobernaos’. Después de esta tradicional velación de la virgen de Santa Teresita de Jesús, ellos forjaron otras veneraciones como la tributada a la ‘Virgen del Carmen’ y a San Martín de Loba’.

CONMEMORACIÓN ENTORNO AL SANTO CRISTO

Afirma el documento histórico que la parroquia del ‘Santo Cristo’ de El Difícil tuvo sus inicios en 1925, en una choza de palma construida en ese entonces por un turco llamado Genaro, ubicada en la actual plaza principal, frente a lo que es ahora la Alcaldía Municipal. Entonces podría inferirse que ese fue el año en que lo devotos del ahora patrono iniciaron la veneración hasta hacerla posteriormente oficial.

Se cree que a la llegada del padre Narciso Chiquillo, al escuchar éste todos los argumentos y después de haber investigado acerca del surgimiento poblacional del sitio donde se hallaba, pudo haber asumido la determinación de homologar como único patrono de los lugareños al ‘Santo Cristo’, en concordancia con la solemne conmemoración que obligaba su sagrada figura y la coincidente evocación histórica surgida.

A esta decisión se suma, como aspecto reafirmante y oportuno, el obsequio de una escultura de Cristo crucificado que hiciera un decorador de apellido Tíjero elaborada a partir de un árbol nativo. Lo entallado no cobraba importancia si no fuera porque en su confección parece haberse dado una intervención divina.

Vuelve a relatar Juan Hernández que “el señor Tíjero se encontraba cortando un palo de naranjuelo para fines diversos y muy propios de su actividad artística, pero en el momento menos pensado se le vino inexplicablemente abajo partiéndose en varios pedazos. No había terminado Tíjero de lamentarse, cuando su mirada ya contemplaba la figura casi completa de Cristo crucificado”, según trascribe el libro ‘Pioneros’

Ante esa asombrosa imagen, el artista sólo tuvo que esculpir pequeñas formas para acercarse al modelo que el católico del Nuevo Mundo ha venido contemplando desde la Conquista. Ya, culminada, el cura la colocó en el altar y desde ese tiempo es el ícono de un fervor religioso admirable.

Tomando en cuenta esto, el padre Narciso Chiquillo empieza una cruzada con los hombres y mujeres más sobresalientes del pueblo, para darle forma a una conmemoración que mantuviera constancia y que aglutinara a todos los católicos sin ningún tipo de resquemores ni parcialidades santorales.

Para el padre Chiquillo, Cristo debía ser el patrimonio espiritual más valioso de los dificileros, porque además de ser el redentor del mundo, la encarnación de Dios mismo, no consideraba como casual la llegada a El Difícil de aquellos primeros colonizadores, ese 14 de septiembre de 1901.

Acercándose la fecha del santo patrono, el cura y sus más entusiastas feligreses organizan una junta de festejos con la participación de los ganaderos de la región, con el objetivo de hacer más divertida la reminiscencia.

Desde que se estableció el mencionado esquema, se le empezó a dividir convenientemente en dos ramas; una, de carácter femenino para lo atinente a la parte religiosa (misas, bautismos, procesiones, etc.) y otra, compuesta por los hacendados y amantes de la fiesta brava, para lo concerniente a la infraestructura de la corraleja; toros; manteros; bandas; pólvora; cabalgata; fandangos; carpas y otras responsabilidades adyacentes.

GRANDES TAURINOS

PLAZA DE EVENTOS DE VILLA PALMERA
Oficializándose la fiesta del Cristo como exclusiva festividad patronal y estando un grupo de personas respetables en la organización de los actos correspondientes, un colectivo de ganaderos se adhiere al propósito religioso y se encumbra año tras año en el acontecer taurino. Es así como surgen figuras de posterior renombre como José Evangelista Ospino; Víctor Aguilar; Antonio María Meléndez Ariza; Genito Meza Anaya; Andrés Pacheco Anillo; Pompeyo Ospino; Andrés Rivera Ospino; Nicanor Vega Nájera; Carlos Campo Ballestas; Antonio Meléndez Regalado; Clemente Castro Acuña; Antonio Paso García; Manuel Chávez Núñez; José Antonio Barrios Tovar y otros más.

En la época de Eliécer Bustamante Herrera y Próspero Castillo, los armazones de las corralejas se hicieron alrededor de la vieja iglesia de bahareque, situada en la plaza principal del pueblo. La estructura provisional que se erigía allí siempre era amplísima, ya que tenía que mantener un diámetro que superara los catorce metros de largo y ocho de ancho que tenía el vetusto templo.

Al quedar la iglesia en el centro, los espectadores veían con mucha dificultad o no apreciaban nada, sobre todo cuando el cornúpeta no estaba al frente sino a cualquiera de los lados de ese ranchón. Una parte de la gente sabía que algo había ocurrido en el otro extremo de la corraleja sólo cuando escuchaban los vítores de los demás concurrentes o cuando los veían correr despavoridos al salirse un toro del ruedo.

La construcción de las primeras corralejas en El Difícil no escapó a la usanza tradicional en la costa, como lo explica el folclorista y escritor sabanero Juan Santana Vega:
           
“Aproximadamente un mes antes de empezar las fiestas en el pueblo la gente se dedica a la construcción de la corraleja. Una vez escogido el sitio que servirá de escenario a las fiestas, que por lo general es la plaza del pueblo u otro lugar contiguo a él, la gente de la clase baja se apresta a realizar la obra, bien sea por un contrato o por imposición. En ese sitio se van reuniendo, en grandes cantidades y seleccionados montones, las varas de caña brava, los postes de mangle y vara de humo, las tablas, tablones y listones. Allí también se llevan los haces de palma amarga, gran cantidad de bejucos de la región y otros elementos que son de necesaria utilidad para tales fines. Cuando todo este material se halla disponible para dar inicio a la obra, se toman ciertas medidas convencionales y luego se empieza el levantamiento del cerco, al tiempo que se le va dando forma a los palcos que le van a abrigar. En un principio la corraleja carecía de los palcos que ahora le adornan. Era una obra de artesanía que no ofrecía ninguna complejidad arquitectónica. Solamente se construía el corralón de guadua sin ninguna clase de aditamento que le borrara la sencillez de talanquera que tenía en sus comienzos. Pero una vez que el hombre sintió la necesidad de la comodidad para apreciar mejor la lidia de los toros, se ideó la forma de hacer, en la orilla de la corraleja, unas especies de andamios o garitas desde donde pudiera tener una mayor visión de conjunto de todo lo que se estaba llevando a cabo en el interior del vallado. Además de la comodidad estos entablados les ofrecía o les ofrecen a los espectadores cierta seguridad si se le compara con el peligro a que se exponía la gente viendo los toros a través de la valla y montados en ella. Fue así como a la corraleja le nació uno de sus principales elementos con que hoy cuenta: los palcos. Cuando la corraleja se le empezó a ver adornada de palcos en su alrededor fue el momento en que comenzó su proceso mercantilista. Surgía así, también, el interés de unos pocos con base en el detrimento de muchos...”

Con el correr de los años este tipo de espectáculos toma mucha fuerza, tanto así que el pueblo de El Difícil se dio el lujo en cierta ocasión de tener dos corralejas al tiempo. Fue precisamente cuando las festividades taurinas eran lideradas por Joselito Barrios Tovar, alguien que a pesar de sus gestiones no pudo contrarrestar ciertas desavenencias que se venían presentando en el gremio de ganaderos. Ese cisma produjo que la población se dividiera en dos sectores: el Barrio Arriba y el Barrio Abajo; siendo el punto intermedio la actual Calle del Comercio, antes el ‘Callejón Si Lo Hacen’.

La corraleja del Barrio Arriba fue levantada en la plaza como era costumbre y la del Barrio Abajo en la esquina de Domingo Palmera Guerrero. Tan pronto terminaron las festividades quedó una lección para los organizadores de ambos eventos, ya que el resultado no fue otro que un gran fracaso económico.

Cuando se subsanaron las diferencias en torno al lugar donde se debían efectuar las corridas de toros, se escogió un sitio imparcial, esta vez en la «Vuelta del Caucho», [hoy Brasil Norte]. Pero al seguir la inconformidad de gran parte de los habitantes, los taurinos de entonces decidieron pensar en otra cosa mejor, algo que estuviera acorde con el progreso que la población mostraba a mediados de la década de los 70´s.

Es así como surge la brillantez de un gran ganadero como Nicanor Vega Nájera, hombre entusiasta y comprometido ciento por ciento con el avance de la región. Fue él quien transmitió la idea de construir una corraleja permanente en El Difícil con tiretas y postes de carreto para prescindir de los armazones de cañabrava y bejuco. De esta manera se evitaban los peligros extremos a que estaban expuestos los espectadores que encima de ella se acomodaban para ver a sus toros predilectos, como el ‘Cacho Zurdo’ y el ‘Mariposo’, o toreros de la tierra como Víctor Flórez. 

El entusiasmo era muy grande y todo el pueblo se identificaba con su fiesta porque eran netamente populares. Con la presencia del señor Nicanor Vega Nájera se hizo muy sólido un nuevo estilo en la conformación de la Junta; algo que consistía en que todos los miembros de dicha Junta tenían que aportar de su bolsillo una cuota establecida por el presidente. Ese era el primer fondo con que arrancaba la Junta para desarrollar actividades y luego tocar las puertas de las casas que se consideraban que estaban en condiciones de aportar dinero para las fiestas, porque el municipio muy poco se manifestaba para sufragar los gastos causados. Cuando la fiesta se acababa se hacían las cuentas, se le pagaba a todo el mundo y si había superávit, los recursos se utilizaban en obras sociales, como la compra de pupitres para el colegio de bachillerato Liceo Ariguaní o cualquier otra institución que lo requiriera.

La nueva estructura se implementó en el barrio La Florida y se mantuvo en pie hasta hace los años 90´s, hasta el momento en que el Alcalde Andrés Alfonso Palmera Anaya construyó la plaza de eventos o ‘circo de toros’ dentro del complejo recreativo de ‘Villa Palmera’, para llevar a cabo allí las corridas y otros espectáculos diversos con mayor seguridad.

Con la entrada en vigencia de la plaza de eventos de ‘Villa Palmera’, se agudiza la comercialización para las fiestas de toros, como había ocurrido con las corralejas en otras partes de la Costa. Sus promotores ya no eran los ganaderos, sino avezados ‘palqueros’ o contratistas que ya ofrecían todo un paquete de servicios donde se incluían las bandas; los toros; los manteros; banderilleros; amarradores; torileros; sombrilleros; saltadores y otras cosas más. Esto sin lugar a dudas fue conveniente hasta cierto punto para las Juntas, porque ya no tenían que lidiar con borrachos ni con manteros impertinentes y un tanto irresponsables; pero también un alivio para las administraciones municipales, que no se veían apremiadas a buscar recursos a como diera lugar, a pesar de que esas contribuciones están prohibidas en Colombia. Esa falta de compromiso de los ganaderos, de los gestores taurinos, la falta de apoyo institucional y la ausencia de planeación para esos eventos, ha ocasionado el detrimento del espectáculo casi a punto de no remediarse. Por eso hoy día queda sólo un remedo de la fiesta taurina tradicional.

No obstante habría que abonar puntuales esfuerzos, como el efectuado por los ganaderos Eduardo Enrique Díaz Barrios, Jorge Eliécer Vega Barrios y Mario José Álvarez Montes, fundadores de la Sociedad «Agropecuaria Amigos Asociados» o «Triple A», quienes impulsados por un sentir rescatista promovieron la cabaña de bravo de esa pujante empresa y reactivar así el entusiasmo taurino en la región. De esta manera emularon a los pioneros, especialmente don Carlos Campo Ballestas, quien hizo llegar a El Difícil los primeros ejemplares de ‘pringaos’ desde las sabanas; es decir, ejemplares criollos con cruce de media casta. 

Con la aparición de la ‘Triple A’ en el contexto taurino se aliviaron varios renglones de gastos dentro de los presupuestos de las juntas, sobre todo porque el alquiler y traída de los toros desde Córdoba y Sucre implicaba un desembolso mayúsculo y conllevaba a que las corridas no produjeran los resultados económicos deseados. Pero en el marco de las ventajas, se incrementó el fervor de los ariguanenses y en los taurófilos de las poblaciones cercanas por la proliferación de corralejas tras cualquier festividad patronal. Muchos fueron los concurrentes que se deleitaron con la franca embestida de toros como el «172», el «Cara ahumá», el «Llorón», el «Puro» y muchos más, cuyas descendencias se ven crecer en la hacienda «La Sofía», en espera de un nuevo turno en las celebraciones santorales de mayor importancia en la Costa.


LIBRO PIONEROS, obra que le ha servido a las nuevas generaciones para conocer los hechos trascendentales del surgimiento de nuestra municipalidad.