ACTA DE LEVANTAMIENTO DEL CADÁVER


El abogado Rafael Hoyos envía una pieza procesal de indudable valor histórico y digna de ser incluida en cualquier relato garciamarquiano, que se encontró esculcando por ahí....... Una tremenda acta de levantamiento de un cadáver que ni el mismo CTI puede describir con tanta claridad......... "

El 25 de agosto de 1.962, es decir, hace casi 48 años, apareció un cadáver sobre la carretera que de Mateguadua conduce a Rio Loro. En ese entonces, El diligente INSPECTOR DE POLICÍA, (quien además era peluquero, y aguerrido lector de las Selecciones del Reader Digest) avisado del hecho, apresuradamente juramentó y posesionó a dos peritos y, en compañía de su secretario, emprendió la penosa labor de hacer el levantamiento de occiso.

Así comenzó lo que podría llamarse la aventura idiomática-forense-judicial más singular de que se tenga conocimiento por estos lados. No solo por la intensidad de la escena de sangre que se describe, sino también por la riqueza descriptiva, el uso libérrimo del lenguaje y la precisión deductiva de los investigadores.

Todo esto quedó plasmado en las actas cuyas imágenes presiden este post, prueba gráfica indiscutible de que nuestro medio judicial ha evolucionado.

Levemente, pero ha evolucionado. Así que nos hemos dado a la tarea de extraer y destacar algunos apartes de este intrigante caso policíaco. La ortografía, copiada fielmente, es parte del encanto:

Objeto de la diligencia:

“… diligencia de levantamiento de un cadáver que fue allado muerto allí y que fue visto por unos campesinos que pasaban y al verlo que no se movía y que estaba encharcado de sangre lo reconocieron como muerto y avisaron al suscrito inspector…”

Descripción general, estado civil y profesión del occiso:

“…se encuentra sobre una charca de sangre el cadáver de un individuo de sexo masculino de unos 48 años de edad aproximadamente, al parecer casado porque tiene una argolla de matrimonio en el dedo anular de la mano izquierda, de profesión mecánico porque la ropa la tiene untada de grasa quemada, de piel morena tirando a negra, flaco, carepalo y medio canoso, y de unos 1,60 metros de altor, desconociéndose mas datos sobre la personalidad del muerto por tratarse de un hombre forastero y sin amistades en la región…”

Peculiaridades del cadáver:

“El cadáver del difunto se encuentra bocarriba, con la boca abierta y los ojos cerrados, con la cabeza medio ladiada como mirando un guanábano en completa producción, con el brazo derecho estirado hacia un lado y como saludando a alguna persona y el brazo izquierdo en estado de reposo, los pies semicruzados como haciendo el numero 4 (cuatro) y en aptitud totalmente rígida…”.

Descripción de las heridas:

“… presenta un machetazo en la cabeza que arrancó desde la raíz de la oreja hasta parar levemente en la altura del cráneo, otro en la quijada inferior con estracion dental de dos molares y un raigon, otro en el pecueso que le alcanzó a afectar un escapulario de trapo completamente borroso, otro en la paleta izquierda que alcanzó a llegar hasta cerca del espinazo, otro en la región del nalgatorio que le interesó mayormente la nalga derecha y parte del guesito de la alegría, otro en el cuadril derecho y dos en la canilla derecha…”

Otra peculiar anotación:

“Se ve claramente que los autores del asesinato no le pegaron mas machetazos al cadáver porque seguramente vieron que el muerto había dejado de existir…”

Esta antológica pieza forense demuestra que desde hace mucho tiempo la investigación judicial en Colombia estaba y continua .....“como mirando un guanábano en plena producción”.

Esta acta de levantamiento del cadáver, terminó haciendo parte del expediente en un Juzgado de Instrucción Criminal de Cartagena, adonde terminó comiéndosela el polvo, el comején y las cucarachas. Y pensar que todavía hay personas que piensan que esto no ocurre, pues, entérese que esto y mucho mas sigue ocurriendo en cada uno de los pueblos de nuestra costa Caribe.

O no?. Éxitos,

Rafael Hoyos D.
Abogado

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